ZL_ElisaLaRosaInesperada
—¿Es repetidora? —Perdió el sexto porque se enfermó —se disculpó Rufina. —Bueno, vamos a ver. Finalmente, Elisa fue aceptada en el Hogar, por un año y sin cama. —¿Viste? —dijo la señora, tocándole apenitas el hombro—. Ahí la van a tener vigilada, la mandan a la escuela y le dan dos comidas. Eso sí, a la noche tiene que volver a tu casa. Rufina estaba tan agradecida que envejeció un poco. Luego, la vida demostró que aquel agradecimiento había tenido sobradas razones porque, finalmente, la permanencia de Elisa se prolongó por dos años: una si- tuación poco habitual, respaldada en la contundencia del sentido común. De los trece a los quince, Elisa Viltes viajó al Hogar por la mañana y regresó al barrio cada noche. Perdió la virginidad sin espamento, trató con respeto a Rufina. Y evitó saludar a sus vecinos. Dos años durante los cuales Irene y Chejuán fueron vo- ces desvaídas; unamentira tras otra, promesas enredadas. Cuatro meses después de su partida, llamaron por primera vez al teléfono de la carnicería. —¡Doña Rufina! Dice mi papá que la llama Chejuán, que se apure. 19 Pa r te I | De S a n Fe a S a n ta S a l va d o r
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