ZL_ElisaLaRosaInesperada

Después de aquel episodio, no hubo nada de relevan- cia enmateria demala conducta, porque ElisaViltes eligió mantenerse aparte, ser distinta. Y en eso, Beatriz jugó un papel decisivo, otorgándole una estética a su aislamiento. Cuando Elisa llegó al Hogar, Beatriz era la voluntaria más antigua. Había ingresado trece años atrás y, contra el escepticismo de los pronósticos y los bajos promedios de permanencia en el voluntariado, continuaba allí. —¿Hace mucho que venís acá? —El tiempo que llevás de vida. Desde el comienzo, Elisa sintió curiosidad por aque- lla mujer despojada, que usaba zapatos de enfermera, se perfumaba con jabón y era flaca para no perder tiempo. La primera conversación entre ellas ocurrió en la co- cina del Hogar, pocos días después. —Te llamás Elisa, ¿no? —y de repente—: Dejame que adivine… ¡Sos de Libra! Acostumbrada a disimular cualquier forma de fragi- lidad, Elisa ocultó su emoción por el acierto. Y ensegui- da cambió de tema. —¿Hace mucho que venís acá? —El tiempo que llevás de vida. En la cocina del Hogar había espacio suficiente para dos mujeres y una conversación. —¿Por qué te metiste al voluntariado? —volvió a preguntar Elisa. 22 E l i s a . La ro s a i n e s p e ra d a | L il i a n a Bo d o c

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