ZL_ElisaLaRosaInesperada
El isa —No voy a ir, Rufina. —Yo no sé… Porque tu madre me pregunta cada vez que llama por teléfono. ¡Así que Irene preguntaba! ¡Así que la voz naranjera se preocupaba por ella! —Te dije que no voy a ir, Rufina. Sentadas una junto a la otra, afuera del rancho, Eli- sa y su abuela compartían un mismo cigarrillo. Sobre la tierra, un pedacito de espiral clavado en un jabón evitaba una masacre. —La directora le dijo a mi patrona que en el Hogar te portás bien, y que si fuera por ella te dejaba —Ru- fina dio una pitada intensa que no se condecía con su aspecto—. Pero tu madre quiere que empecés la secundaria. —¡Que la haga ella primero! Yo no sé cómo es la vida sin tu amor. Yo no sé cómo se puede estar así. 29
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