ZL_ElisaLaRosaInesperada
Cuando Miguelito se fue detrás de los mucha- chones, me dio miedo. ¡Pero cómo dice uno lo que na- die imagina! Si, en ese entonces, yo me ponía a decir que Miguel María Tolosa se metía bien adentro de la noche, donde los cucotes se montan, ¿qué iban a pensar? Que don Abel Moreno andaba hablando pavadas de viejo. Pero Miguelito se hermanó con estos de la ciudad, ida y vuelta. Lo usaron de anzuelo, porque nadie iba a desconfiar de él. Y menos los que vienen acá pensan- do que somos buenos, y nos sonríen como si eso fuéra- mos, y nos hablan raro, moviendo mucho la boca. Antes, ni siquiera. Ahora nos preguntan si pueden sacar sus fotos. ¿Y qué cambia? Es como preguntarle al pobre si pueden azotarlo. Dice el pobre que no, y enton- ces ofrecen pagarle por cada azote. Abel Moreno Las muchachas bonitas corren peligro, como el quirquincho bola junto al camino. 43
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