ZL_ElisaLaRosaInesperada

Volviendo al asunto de Miguelito… Qué tristeza ver- lo perderse así, en tanta maldad. Lo quise traer de vuel- ta, sin suerte. Nada de lo que yo podía ofertarle, unas torrejas, un cigarro; nada le hacía sombra a lo que esos diablos le daban. Yo sabía que él andaba haciendo brutalidades por- que, de bobo que era, algo me contaba. Sabía pero, con sinceridad, me quedé quieto. Con la piba de bolso grin- go, bonita ella, fue diferente. En algo pude colaborar, gracias a mi mejor traje. Sin ser mejor que nadie, ese día silbé. 44 E l i s a . La ro s a i n e s p e ra d a | L il i a n a Bo d o c

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