ZL_ElisaLaRosaInesperada
Además demi negocito. ¡Buena faltame haría una ayuda! —No sé. —Pensalo. Rufina estaba bastante mejor de la cintura, y eso gracias a la señora que le había dado unos remedios milagrosos. —Te dio por limpiar —dijo. Y preguntó—: ¿Comiste todos los sanguchitos? —Los tiré, vieja. Tenían feo olor. 50 E l i s a . La ro s a i n e s p e ra d a | L il i a n a Bo d o c
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MTkzODMz