ZL_ElisaLaRosaInesperada
Beatriz notó que Elisa traía un rostro desconocido; cosa que agravó el hecho de que hubiese faltado al Hogar el día anterior. —¿Pasó algo? La sola pregunta bastó para quebrar la decisión de la flamante quinceañera: no contarle a nadie lo que había pasado en el río, la noche de su cumpleaños. —Anteayer —dijo. —Anteayer fuiste a mi casa. —Después. —¿Qué pasó después? Como era evidente que se trataba de algo serio, la vo- luntaria llevó a Elisa hasta uno de los bancos de hierro que se alineaban contra la pared de la galería. —A ver… contame. Fue bueno que Elisa hablara con la cabeza gacha. De ese modo, Beatriz pudo componer el gesto y controlar la desazón. No podía pensar que era cierto lo que decía su madre, margaritas a los chanchos , porque eso signifi- caba quedarse sin tierra para cultivar. Margaritas a los chanchos , decía su madre cada vez que ella emprendía la tarea de salvar a una pupila. Rosa inesperada, era el empecinamiento de Beatriz, jardine- ra de la caridad. La confesión de Elisa le dio náuseas. La imaginó re- volcándose en el río, borracha de vermú caliente. Lo peor era que aquello había ocurrido apenas 52 E l i s a . La ro s a i n e s p e ra d a | L il i a n a Bo d o c
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