ZL_ElisaLaRosaInesperada

—¿Y la vieja? —Ahí… —¿Por qué no te venís para acá, Eli? Para probar. Sin embargo, Elisa no pensó seriamente en irse sino hasta fines de octubre, cuando recibieron aquella carta de Chejuán escrita en una hoja de cuaderno mal arran- cada; esa carta que la dejó huérfana. Querida vieja y elisa nosotros estamos bien Un tipo de pa- raguay quiere haser una prueba para irnos para alla y des- pues las llebamos a ustedes… No nos olvidamos del cumple de la Eli pero fueron puros problemas. Es posible que con el gesto de abandonar el papel so- bre la mesa, Elisa empezara su viaje. —Vieja… —¿Qué hay? —¿Viste que la tía quiere que me vaya para Jujuy? —Y a vos te dieron ganas de llevarle el apunte. —No sé. Con ingenuidad, Rufina puso el gramo que faltaba en el platillo de la rabia. —A tu madre no le va a gustar nada. No fue disgusto, en cambio, lo que sintieron las de- más mujeres que rodeaban a Elisa, a quienes la idea de ese viaje les pareció más que aceptable. Teniendo en cuenta el brumoso horizonte de la muchacha, la pro- puesta de la tía parecía prometedora. Porque resultaba imposible que Elisa siguiera en el Hogar el año siguiente; 58 E l i s a . La ro s a i n e s p e ra d a | L il i a n a Bo d o c

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