ZL_ElisaLaRosaInesperada
—¿A vos qué te parece? —Un cuaderno. —Entonces, es un cuaderno. Pero ¿cuál? Todos eran lindos. El de flores. El que tenía unpaisaje con casas nevadas. Pero sobre todo, el de pájaros. Ni pájaros, ni nieve, ni flores. Era un cuaderno de tapa dura y muchas hojas, recién comprado, con código de barras y una balanza rodeada de estrellas. —Me costó —dijo Beatriz—, pero encontré tu signo. —Gracias. —¡Leé la dedicatoria! Mirar al otro lado del que todos señalan que es allí donde crece la rosa inesperada. ¡Ojalá puedas cumplir el consejo de este gran poeta! Con cariño, Beatriz. —¡Hiciste trampa! ¡Hiciste trampa! —el grito llegó desde el grupo de niñas que jugaba. —¡Mentirosa! No hice trampa. —Sí, hiciste… ¡Tramposa! Las dos mocosas se fueron una sobre otra, tirando ma- notazos. Beatriz se levantó enseguida y fue hacia ellas. —Epa, epa, ¿cuál es el problema? Elisa se quedó mirando. El cielo se nublaba y no, como una orgánica metáfora de su alma. 61 Pa r te I | De S a n Fe a S a n ta S a l va d o r
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