ZL_ElisaLaRosaInesperada
que interrumpir el trabajo de prenderse el corpiño y escuchar: Ahora va un tema para la vecinita que nos deja. Elisa Vil- tes, la hija de nuestros Naranjeros, de gira por el país, recibe una canción de parte de Leandro. “La cosa más bella”, por Eros Ramazzotti. ¡Disfrutala, Elisa! ¡Disfrutala, barrio! Rufina se asomó por un costado de la tela que sepa- raba el dormitorio de la cocina. —¡Escuchá, Eli! Es para vos. Faltaba solo una decisión para cerrar la mochila: el cuaderno con el signo de Libra. Elisa pensó en llevarlo como diario de viaje, honrando el deseo de su benefac- tora. Sin embargo, algo en ese cuaderno con el signo de Libra en la tapa la hacía sentir estúpida. Entre su cama y la de Rufina había un mueble hecho con cajones de verdulería donde, finalmente, Elisa Vil- tes dejó el regalo. De algo estaba segura… Aunque tar- dara años en volver, el cuaderno seguiría en el mismo sitio, lleno de tierra, esperando. Más tarde, después de los pastelones, Elisa se levantó de la mesa para lavar los platos. Metió las cosas sucias en un fuentón y salió, porque la única canilla estaba afuera. Desenroscó la manguera, abrió el agua. Dos la- drillos la separaban del charco que necesariamente se formaba y no alcanzaba a secarse. Nunca antes se ha- bía preocupado por la inestabilidad de aquella tarima 64 E l i s a . La ro s a i n e s p e ra d a | L il i a n a Bo d o c
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