ZL_ElisaLaRosaInesperada
C uando tomé la decisión de viajar para escribir una novela no sospeché ninguna oscuridad. Acostumbra- da a transitar argumentos, a esperar largas horas hasta el arribo del próximo verosímil, resignada a perder, de tanto en tanto, el equipaje de las certezas lingüísticas, supuse que la ruta planeada resultaría en una fructífe- ra narración, nutrida por la geografía norteña. Nada sucedió como lo había previsto. El viaje se agrietó y por las fisuras nacieron cardo- nes. Mi cuaderno se transformó en tierra, y me quedé viendo cómo se alejaba. Acunada por el movimiento del ómnibus blanco, una mujer se durmió en mi hom- bro y me dejó sin palabras. Fue la realidad, que no quiso adecuarse a la lógica de los párrafos. Tribulaciones y asechos de la autora 9
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