ZL_HistoriasDeLaCuchara

de madera y frente al jarabe del experimento. Tenía una mano completamente embarrada de xocolatl y los labios cubiertos por una mancha oscura. Las dos her- manas se miraron. Isabel sintió vergüenza y bajó la cabeza; después movió la jarra hacia la otra religiosa, como justificándose. Clara se sentó, introdujo la punta del dedo anular en la bebida y la probó. Pocas veces en su larga vida, su cuer- po había pedido con tantas fuerzas que esa sensación se repitiera una vez más y otra y otra. Estaba sorprendida. Cogió la jarra y bebió varios sorbos. Muchos sorbos. Isa- bel no pudo evitar soltar una carcajada al ver a la her- mana científica con los labios y los dientes enlodados de tanto xocolatl. Sor Clara rio también y consideró su estado de ansiedad como una santa gula. En definitiva, había llegado rápidamente a la misma conclusión que los aztecas: el xocolatl era un regalo que solo podía venir del cielo. Al día siguiente, el oscuro y espeso brebaje de los reyes indígenas fue el nuevo ingrediente del desayu- no de todas las hermanas del convento de Oaxaca. Isabel y Clara temieron por la reacción de la herma- na superiora ante tanta alegre glotonería de todas las religiosas, que pedían más e introducían los dedos en las tazas para salvar hasta las últimas gotas. Pero al verlas y tomar su propia taza, la superiora empezó a organizarlo todo para que el sacerdote y las señoras 16 H i sto r i a s d e l a c u c h a ra C r ist i n a A p a r i ci o

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