ZL_HistoriasDeLaCuchara
del pueblo probaran el xocolatl (o chocolate, que fue el nombre cristiano que le dieron las monjas al manjar). De inmediato, las hermanas cocineras pidieron la receta de la bebida y empezaron sus propios experi- mentos. Así, con el tiempo, crearon bocaditos blandos y duros o salsas arteras donde el picor del chile se dis- fraza hasta estallar en la boca, solo para disolverse de nuevo en el suave dulzor del chocolate. Entre las damas de Oaxaca, el chocolate causó mu- cho mayor revuelo que entre las religiosas. Lo probaron y ya no quisieron dejarlo. Era increíble ver hasta qué punto aquel bebedizo indígena había invadido el alma de aquellas señoras de almidonadas modas españolas y muebles traídos de Europa; unas damas cuya mayor preocupación era convertir ese mundo nuevo en un espejo del adormecido y viejo continente. Algo les fal- taba en la vida para que se apegaran tanto al dulce consuelo del chocolate y no lo dejaran ni en las misas. El sacerdote, indignado, tuvo que prohibir la entrada del impío brebaje en las iglesias. ¿En dónde se ha visto a los fieles comiendo golosinas en la casa de Dios? Pero las mujeres de Oaxaca armaron una huelga. ¡Sin cho- colate no habría misa! Al final se salieron con la suya y consiguieron que su ídolo azteca entrara libremente en las iglesias católicas. Las damas de Chiapas tomaron una medida más drástica cuando el obispo intentó limitar el consumo 17 M é x i co Xo co la t l
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