ZL_HistoriasDeLaCuchara

de chocolate. Pusieron veneno en la taza de chocolate caliente que el religioso tomaba todas las tardes. El po- bre murió de manera dulce, y de paso nació la famosa frase: “Le dieron a beber una sopa de su propio choco- late”. De todos estos desmanes, y de los que siguieron, estuvieron libres de culpa Isabel y las religiosas de Oa- xaca, que lo único que hicieron fue lanzar al viento el regalo de Quetzalcóatl, aquel dios reptil que prefirió ser expulsado del cielo antes que dejar a los huma- nos sin el paraíso instantáneo al que nos transporta el chocolate. 18 H i sto r i a s d e l a c u c h a ra C r ist i n a A p a r i ci o

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