ZL_HistoriasDeLaCuchara
En Isabel se juntaron el temor, la curiosidad y la ten- tación. ¿Qué haría en su organismo ese alimento oscu- ro y posesivo? Sin embargo, su cuerpo se estremeció al saber que probaría otra vez aquella bebida, y la emo- ción fue mayor que las dudas. Finalmente aceptó par- ticipar. Al pasar los días, y con el aumento de las dosis de xo- colatl, lo más difícil fue contarle a sor Clara que los sín- tomas que iban surgiendo en su cuerpo eran la ansiedad por tomar más del “remedio”, las ganas de probar de un solo bocado todos los frutos que traían los indígenas y la sensación de estar poco a poco fundiéndose por fin con el Nuevo Mundo. Sin necesidad de que se lo dijeran, Clara notó que su asistente estaba más alegre y tenía mayor energía. Si era el efecto del xocolatl, como creía, la semilla ne- gra podría ser un buen remedio para las hermanas en- tristecidas por la gripe. Así que decidió mezclarlo con miel para aumentar su efecto benéfico en la garganta. Con reverencia abrió Isabel la boca para probar el jara- be, ahora dulce. ¡Oh, Dios! Tuvo que mantener cerrados los ojos y la boca para no gritar su éxtasis al cielo. ¿Ese producto maravilloso era una zancadilla del diablo o un regalo de los ángeles? Por la noche, cuando sor Clara se dirigía a su apo- sento, vio una tenue claridad que venía de la cocina. Se dirigió allí y encontró a Isabel sentada junto al mesón 15 M é x i co Xo co la t l
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